31 de diciembre de 2008

Segundo violín



Salí de trabajar urgido por la ansiedad: iba a verla. Tal cosa significaba un cúmulo de seguridades: que estaba esperándome, que haríamos el amor y acaso cenaríamos antes de volver a hacerlo. Significaba que tenía ante mí horas hermosas, sonrisas, afecto, comprensión, charla...

Cuando llegué estaba bajo la ducha, vislumbré su silueta difusa tras el cristal empañado y me hubiera metido con ella, pero me contuvo la idea de hacerlo todo muuuy despacio para que durara hasta el hartazgo.

Al rato salió secándose el pelo con una toalla con la naturalidad habitual de su cuerpo desnudo y algo más, una actitud especial, algo desafiante pero prometedora:

-Dale, te toca -dijo, y comenzó a entonar una canción en inglés.

Sin dudas, ese día estaba diferente, algo la hacía más hermosa que de costumbre, más deseable, apetitosa... pero lo que más me seducía era el aire de misterio que la envolvía.

Antes de entrar al baño me volví a ver su andar hacia el cuarto y como intuyendo mi perenne curiosidad se detuvo, sin darse la vuelta se dobló en dos para observarme a través de sus piernas abiertas. Allí estaba su flor ofreciéndose y sus ojos llamándome a la pelea.

Estuve a punto de correr a su lado de inmediato, pero había sido una mañana tensa y debía quitarme la sal de las preocupaciones, librarme del mundo por completo antes de fundirme con su piel.

Lejos de mis ideas y tolerando el peso de las propias ella me sopló un beso y siguió su rumbo retomando la melodía anterior. La observé hasta que tras su pelo rubio su trasero y su pie también desaparecieron. Sus pies... hasta de ellos añoran su tacto mis dedos.

Pensé en ambas cosas mientras me duchaba, en la melodía y en ese algo extraño de su actitud. No recordaba haber escuchado la tonada y si lo había hecho me había pasado desapercibida. Tal vez no fuese un hit de mis mejores tiempos pero sí de los de ella, de un lustro más tarde, tal vez algo más.

Su talante era variable, sus días normales, pacíficos, de poca prisa y entrega y toma apasionada, sus días tristes con mi comprensión al máximo nivel, mis oídos atentos, mis opiniones objetivas y su entrega y toma apasionada, sus días felices con proyectos que sabía de antemano no se podrían cumplir, mis excusas tímidas y propuestas de alternativas que tampoco se podrían cumplir y su entrega y toma apasionada... y los días como ese, donde su felicidad y dinamismo fuera de contexto de igual modo podían presagiar momentos maravillosos de su entrega y toma apasionada o preludios existenciales angustiosos previos a su entrega y toma apasionada.

Sí, he sido insistente... Es que acaso he notado en otras mujeres grados de interés cambiantes en cuanto a la relación íntima que se plantea; pero todos y cada uno de nuestros encuentros fueron apasionados, porque ese era su modo de vivir y yo me esforzaba en existir a su manera. Era la forma, además, en la cual se podía manifestar algo como lo nuestro.

Mi prisa bajo la ducha ha de plantear dudas en cuanto a lo que un buen aseo representa, pero había zonas prioritarias, las cuales era imprescindible dejar en óptimas condiciones. Así sentía en mi mano cómo el deseo se acumulaba, rodeado de agua jabonosa y pensamientos que se atropellaban anticipando los minutos venideros.

Un secado rápido mientras camino hacia el cuarto para descubrirla de espaldas sobre la cama, abandonada, aguardando mis caricias; siempre me ha confortado creer que con la misma ansiedad. Apenas la toco gime y su piel se agita, es un campo de trigo danzando a la brisa. Veo su perfil de ojos cerrados al ensueño y su nariz que aspira profundo.

Abre los ojos: -Hooola mi amor –dice canturreando su sonrisa. Ahora cierro los míos para recordar, revivir, añorar, llorar, lo que entonces seguía por largo, largo rato.

Luego nos quedamos juntos, pegados, transpirados y exhaustos pero espléndidos, renacidos, indemnes. Cuando las respiraciones se hicieron normales nos miramos a los ojos y nos dimos pequeños besos de ternura. Después llevó su vista al techo y la dejó allí, colgada de un puente que yo aun no sabía a dónde la llevaba. Hasta que nuevamente comenzó a musitar aquella melodía.

Alguna vez la había felicitado por lo bien que entonaba, su voz era agradable y clara y me gustaba escucharla cantar, cosa que nunca me ha ocurrido con otras personas, incluyéndome. Mantuve silencio mientras mi mano llevaba la cadencia del ritmo en torno a su seno vuelto a erizar... -But the time is moving on, and the magic is all gone, and I don't wanna be, your second violín.

-Me gusta ese tema –dije –Creo que nunca lo escuché antes. ¿De quien es?

-Bagatelle...

-¿Así se llama?

-No, se llama “Your second violin”.

-¡Ah! –dije, ya desinteresándome del tema.

-¿Sabés qué dice la letra?

No soy bueno para el inglés, podía comprender el título de la canción pero nada más. Entonces ella, mostrando aquello que traía ese día, ese dejo especial que percibí al llegar, el trayecto de ese puente donde su naturaleza jugaba una batalla entre su deseo y un adiós, me lo dijo.

Al fluir de sus palabras vi claramente la figura oculta en nuestros primeros momentos juntos ese día, ese rastro lanzado a mi intuición que no era apetito, ni lujuria, sino rebeldía; no era displicencia, ni tristeza, ni dolor: sino rebeldía. Una rebeldía que pautaba una derrota, un dejar sueños por el camino, los que yo no he contemplado ni osado levantar.

Cuando terminó de traducir la parte de la canción que recordaba sentí frío, el texto planteaba una clara ruptura de alguien que ya no quería seguir siendo segundo violín. No supe qué decir, no esperaba algo así.

-¿Entendés? Así me siento –dijo.

-¿Me estás diciendo que no querés verme más?

-No, eso es lo que dice la canción... y lo que yo debería y quisiera hacer. Pero no puedo.

Desde el cielo de sus ojos me gritaba lo que sólo los ojos no pueden mentir, y me dolió ese amor inmerecido que estaba recibiendo. La apreté fuerte y quizás lloramos los dos, no lo sé, cada vez evoco los detalles con mayor dificultad, y los advierto más difusos.

Hoy hace bastante tiempo de eso. Muchas cosas nos han ocurrido a uno y otro, algunas juntos, otras ya distanciados. Y eso es todo, ya no habrá nuevos recuerdos. En mi memoria han comenzado a borrarse aquellas imágenes que valoro tanto, y por más que intento aferrarlas se me van...

Cada vez que escucho aquella canción vuelo a aquél momento, oigo su voz dulce cantándome su tristeza sin pedir, sin rogar, tan sólo dando cuenta de su existencia con humildad.

Y mi alma se retuerce preguntando: ¿Qué hubiera pasado si...

Hoy... sé que su música es la única que quisiera escuchar para siempre, que todo dejaría por volver a ese lapso de nuestras existencias para quitarnos esa canción de encima, de hacer que pierda sentido en nuestra relación, que todos nuestros días serán especiales y sepa que lo único que necesita mi orquesta es su violín.
Pero ya no es posible, no está en nuestras manos, es de aquellas cosas que los humanos no pueden dejar de aceptar.



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17 de diciembre de 2008

Fracaso


Ignorabas que en el fondo de tus ojos

un poema aguardaba para darse

Y brillaba iluminando tu mirada

como lo hace el lucero al caer la tarde


En el cálido nido de tus sueños

no podía quedarse aletargado

y escucharse urgente era su anhelo

siendo musitado por tus labios


Al percibirlo allí acurrucado

desnudo, tan frágil y pueril

en nubes de nostalgias acunado

lo quise hacer vivir y casi lo logré...


Mas de mi torpe pluma se ha fugado

Se ha escurrido entre la sombra de tu pelo

en tu talle leve se ha encerrado

prefiere serte fiel y que un poeta

que sepa hacerte honor pueda encontrarlo.



Del poemario “Amor desamorado” © 1992 Félix Acosta Fitipaldi

15 de diciembre de 2008

Estaré con el perro


Hay días perros. Luego de pasar una noche de perros salimos y afuera el aire huele a perros. La gente camina con cara de perro y nosotros miramos los árboles con melancolía y corremos el ómnibus. Sabemos que puede ser un gran día y hacemos todo por imaginarlo así, pero sabemos que ese “en parte” que depende de nosotros es muy exiguo y se tiñe de gris.

Ese día perro no nos queremos. Menos queremos a los responsables de que el mundo sea una cucha de perros y no todos los perros tengan su hueso diario. Ese día no queremos darle nada a la humanidad y sentimos un profundo respeto impregnado de cariño por los perros.

Bueno, el poema que adjunto lo ladré un día especial para perros melancólicos. Salió de una motivado por mi desazón, la falta de estímulos, la apatía. Luego, aunque ni pensaba en subirlo al blog, se me dio por ilustrarlo.

Tras una breve decapitación photoshopera verme ahí, con cara de perro, en medio del incendio de mi humilde basamento cultural, me dio gracia. Y aunque era una gracia perra y muy perruna moví la cola con entusiasmo.

Entonces pensé en que de nada me servía emperrarme y dejar de compartir mi casa pobre, acaso debido a que la alternativa de encender la TV o mirar la luna no me seduce ni un tantito así. No supe qué hacer con ese poema, penumbra de un soplo de renuncia perrunamente escrito.

Hasta entender que lo mejor era subirlo, dar vuelta la página y acostarme en la exacta vuelta de perro.

Es posible que si fuese lo mejor, pero sólo para mí; así que teniendo en cuenta los miles de lectores que llegan religiosamente cada día a la Tapera cromática es de suponer que alguno de ellos se sentirá identificado: ese será el ganador de un premio estímulo a definir (de momento sólo hay disponibles galletas para perros)

En definitiva, parece que seguiré por aquí pues la cerveza últimamente no me cae muy bien, y mi perro nunca pudo jactarse de mi dedicación y mi cariño (acaso se entienda esto luego de leer el poema.)

Resulta que el supuesto poema de marras es el siguiente:



Estaré con mi perro



¿Para qué escribir una historia más?

¿Qué meta misteriosa aun se vislumbra?

Ninguna

Nada

Es inútil continuar asoleando fantasmas

Que nadie ve

Que nadie escucha

Que ya ni me consuelan

He de cerrar las puertas de mi hangar hollywoodense

Esa casa sin techo ni puertas

donde a veces construyendo quimeras fui feliz en soledad...

O al menos creí serlo

cual niño jugando al paladín del espacio

mientras balas reales arañan su cabeza.

Dejaré sin punta mi lápiz

sin corriente mi PC

sin abrir la ventana por donde entraban los latidos del mundo

y el rumor de otras voces (éstas sí contundentes y armoniosas)

Espantaré bien lejos esas musas torpes y mediocres

que osaran mentirme alguna vez

conque sus cantos portaban gloria.

Haré de mi museo un páramo vacío

y allí donde conservo kilómetros de texto anodino

reinará la humedad, el moho, las arañas

y si no lo purifica el fuego

útil será el papel para las ratas.

No habrá una sola frase explicando tanta letra vana

ni mota de polvo indicando que existí...

pues no lo supe hacer.

Dedicaré el futuro a sentarme en el patio

A tomar cerveza

A fumar pese a mil intentos de no hacerlo más

y sentir el peso del reproche del médico.

A rozar con mi mano sin lápiz el lomo del perro

y al sentir su satisfacción comentarle:

-Tu fortuna es no saber leer

¡Ya te hubiera fastidiado entonces con mis frases!

Él moverá la cola agradecido

y habrá comunicación.

En ese instante no seremos ni humanos ni perros

sino circunstancias abandonadas en polvo aglutinado.

Si algún lejano amigo de aquellas veladas inmensas

cuando el cosmos todo parecía apoyarse en nuestros folios

llegara con su afecto y su curiosidad...

Tú sólo dile que el escritor no está

que la decepción todo se ha llevado

y allí, junto a las ruinas de sus sueños

apenas queda un hombre con su perro.





Es indudable que como en la ilustración me he visto, quemando algo más que mis poemas y mis cuentos. Y algo de eso hay en todo esto, adjuntar un serio poema de total subjetividad, en medio de prosa liviana con mal logradas pretenciones de humor es inflamable... No importa, ya me habían dicho: aunque no te va a gustar todo es inflamable. (Si, claro, también alguno podría decir que pese a ello mejor no echar leña al fuego)

Como curiosidad agregaría que esto ocurrió hace seis días, y desde entonces (cruzo los dedos) no he tenido otro día perro.



Agradezco a Internet por el perro prestado. El mío es negro y justo ese día estuvo entretenido cazando gatos en el fondo hasta que los gatos cazaron al perro. También a la fábrica de fósforos Derrota y la librería Reichstag por el apoyo logístico y, como dicen los grandes astros de la TV y sus adyacencias, a todos los que quieren a los perros.


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13 de diciembre de 2008

Yo la salvo


Antonia vino a los gritos, era todo un escándalo su paso agitado, los brazos en alto y con todo lo que la voz le daba: –¡Se termina el mundo! ¡Socorro, nos morimos, nos morimos! Tenía prisa, insistía, porfiaba, me sacaba de quicio.

Ella siempre fue demasiado exagerada pero esta vez era algo más importante que la caída de una olla de agua hirviendo sobre los pies. Algo peor que meter la gata en el horno y olvidarla. Más aun que intentar lavar la vajilla en el lavarropas o confundir bidones y regar las petunias con hipoclorito.

Lo supe apenas sentí un run run bajo mis zapatos, pues eso no eran los bajos guturales de Antonia sino algo que venía de lo profundo, como del infierno, y me zarandeaba mezclando mis ideas.

También llegaban gritos desde afuera, lo cual daba a pensar que el barrio estaba convulsionado. –¿Será la guerra? ¿El Apocalipsis? ¿El exagerado noticiario de las siete? –me pregunté mientras Antonia se me tiraba encima para exigirme un auxilio que a lo mejor yo no podía darle. Lloraba, se tiraba de los pelos y me miraba como si yo fuese el culpable de lo que estaba pasando.

Su dedo índice, largo, puntiagudo y de uña afilada se dirigía hacia mí en tanto su voz era un desgarro exclamando: Tuuuu, tuuuu, tuuu... –daba miedo, aun en medio de aquél caos y siendo tan valiente como soy.

El piso no dejaba de temblar, el run run y el tu tu se hicieron más fuertes. Ahí comencé a asustarme y me paralicé, pero de todos modos me arrastraba ese terremoto hacia donde yo no quería ir.

Resignado me dejé llevar, pero no podía irme de casa sin el paraguas, en esta época suele llover de improviso y con mi veteranía no me iba a tomar la lluvia por sorpresa. Lo atrapé al pasar y paraguas en mano di medio giro esperando que el terremoto me llevara hacia la puerta. No tuve suerte y así como hago cada vez que no tengo suerte me puse en campaña a resolver el problema. Con cierta dificultad por el escándalo del fin del mundo salí por la ventana y me fui caminando a otro planeta.

La gente corría en todas direcciones, hasta las mesas y las sillas corrían despavoridas, también alguna cama y hasta un viejo ropero despanzurrado, repleto y jadeante, desfiló ante mis ojos. ¡Pobre heladera, le castañeteaban los cubitos! Sola no podría salvarse, yo no podía auxiliarla y si en ese momento no me quedé frío se debió a la urgencia general.

Todo iba deprisa y yo agobiado por el peso del caparazón. Algunos pasaban a mi lado y sus rostros de terror se tornaban espeluznantes al adquirir rictus de comicidad. Verme les causaba gracia, uno me gritó ¡apártate, tortuga! Y otro más me alertó ¡Qué te piso, caracol! ¡Fuera tatú! Soltó un tercero.

Dos mujeres que corrían de la mano auxiliándose una a la otra al verme exclamaron ¡Pobre horario, no le dará el tiempo! Y era cierto, segundero y minutero me habían sacado tanta ventaja que mejor sería sentarme a esperar que completaran la vuelta.

En la esquina dos tipos se tiraban de los pelos, uno había perdido mil millones con el desplome de las bolsas y el otro mil quinientos con su divorcio. Algo más allá un niño ayudaba a su madre a recoger las compras que la debacle le había hecho desparramar por el suelo. En todo el mercado mundial pasaba lo mismo, tan malo era comprar como vender o aguardar nuevas tendencias. Aun así ninguno quiso pasar por indigente y rescatar bancos fundidos se puso de moda.

Un tipo corría de uno a otro de los participantes de la estampida intentando explicar que todo era una joda de los bancarios y las grandes empresas internacionales para sacarle plata a los gobiernos, que no debían darles nada y dejarlos fundir. Detrás iba otro bregando por que todo había que entregárselo a los financistas. Ese dìa el pordiosero de la iglesia recibió menos monedas que nunca.

Yo no quería permanecer en medio de tal locura y corrí hacia la plaza. Hallé una banca que no había huido donde pude sentarme y respirar profundo. Buscando aplacar mi ansiedad extraje mi bloc de notas y comencé a describir un paisaje bucólico, romántico, pleno de nobles sentimientos, cascadas con arco iris, planetas anillados y aromas florales. Pude percibir como la serenidad comenzaba a invadir mi cuerpo, recorría mis arterias, mis circuitos nerviosos se llenaba de paz y el mundo se detuvo.

Estuve así largo rato, tal vez mucho tiempo no lo podría cuantificar, lo cierto es que en algún momento el silencio y la calma que me rodeaban fueron mayores a los de mis pensamientos. Todos se habían vuelto locos y me reí de ellos de buena gana. Lamenté que Antonia no estuviera para compartir con ella mi alegría.

Me sentí repuesto, anochecía y una brisa agradable se arremolinó junto a mí. Caminamos juntos hasta casa, ni siquiera se oían coches, perros, o gente. El bloc me pidió que lo guardara y la brisa nos dejó solos.

Antonia me esperaba con el vaso de agua y las pastillas en la mano: –¿Te das cuenta? ¡Tanto lío para nada! Sería bueno que dejaras de rechazar tus medicamentos y evitarnos problemas...

Ella no sabe nada, ni imagina el complot que hay en nuestra contra. El mundo se ha vuelto loco y quieren hacernos creer que soy yo. ¡Pobre Antonia, ha caído en esa trampa! Pero yo veré de mantenerla a salvo, lo único que necesito es tener siempre a mano el bloc de notas.

8 de diciembre de 2008

Desencuentro a las doce estrofas

I

Pasaste y no te vi

ni me viste al cruzarme

Gritaste y no te oí

ni me oíste llamarte

Solos o no solos

esperé y esperaste


II

Pensaste en mi y te pensé

Te imaginé tal cual tú eres

de forma tal que con apenas verte...

no vacilaría

O si luego de pensarme tal como soy

me hubieras visto...

¿Acaso dudas?

Sobrarían las palabras

compartiríamos secretos de inmediato

y aquí no estaría yo hablando solo

ni tú quien sabe dónde

detectando mis susurros en el aire


III

Me amaron amaste te amaron amé

Y siempre nos faltaba eso

que fueras vos y que yo fuese

simplemente

que fuéramos

que fuésemos


IV

Caminé destinado a desconocer

a esa mujer a mí predestinada

a no conocerme

como estabas...

Buscándome mientras yo no te hallaba

Solos o no solos

Yo diciendo a una y otra: –No eres tú

Y por otra calle comprobabas

que cada uno de ellos

no era yo


V

Mis ojos te han vislumbrado en su entelequia

y tal vez te conozcan más que tú misma

Inútiles han sido los espejos

y no sé cómo soy

pues jamás me he contemplado en tu mirada


VI

En adecuada forma

se tiene persistente la esperanza...

Puesto que a ti se asemejaban

aspiraba creer que al fin serías

Y por ser parecidos a tu idea

aguardabas que aquellos fueran yo

Entonces el tiempo era cuantioso

y el fuego y la soledad y extrañarnos...

Mucho, tanto, siempre



VII

Desesperaba añorando

y pensé: ¡Aun no ha nacido!

Solo o no solo

Me dije también, yéndose el tiempo:

si no ha nacido aun, ya no hay remedio

Mas en el aire andaba tu perfume

y valoré su vuelo a mis entornos

como aquello de ti que he aceptado de otras

Por eso amaste en ellos

lo agradable de mí



VIII

Si el destino no fuera tan ingrato

y te trajera aunque fuese ante mi muerte

O me llevara a ti

aquél ultimo día de espera infructuosa...

Podría yo perdonarlo

y hasta no reprocharle

al destino

No habernos puesto cara a cara anteriormente



IX

¡Te habría amado tanto!

estoy seguro

¡Tanto me habrías amado!

Que dudaríamos cupiera esa inmensa alegría

en un sólo mundo

en un único instante

Y hasta se hace incomprensible

Imaginarlo



X

Pero hoy noche tal vez ya sea tarde

eso tememos

y quizás te seduzca la muerte

mintiendo que el muerto soy yo

Y dejemos de esperar...

Solos o no solos.

Pues nos devora la entropía

vamos muriendo

y nos estamos resignando



XI

Llenándonos de ausencia las horas fugaron

Solos o no solos

felices o no tanto

Seguiremos acechando el horizonte

mientras nuestras almas nos intuyan...

En tanto mantengamos en los ojos

tendencia al presagio...

Y siempre que los corazones acompasen

solos o no solos

cada uno los latidos del otro



XII

Aunque esta realidad tan intensa y aleve

nos intime a disgregar el sueño

tal vez podamos

así, tan separadamente juntos

solos o no solos

rechazar la certeza inapelable

que deja sin sentido a tanta espera.




Del poemario “Amor desamorado” © 1992 Félix Acosta Fitipaldi

7 de diciembre de 2008

Mis fantasmas... por aquí se los tengo.

La idea es dar a conocer algunos textos que este sujeto, aun extraño a vosotros, ha ido pergeñando a través de los años. Adjuntaré pensamientos y comentarios sobre algunos de esos trabajos, y las circunstancias que rodean mi hacer literario.

Tal vez como todos, comencé haciendo poemas a un amor imposible. Sin dejar de escribir poesía sentí el impulso de elucubrar relatos. Llegué luego a las novelas...

En "Poemas", por supuesto, intentaré volcar lo más parecido a la poesía que he podido elucubrar. Poemas estos extraídos de mi único poemario, cuyo título "Amor desamorado", establece claramente el tema abordado.

Algunos de mis cuentos, a esta altura más de cien, aparecerán en el apartado: "Relatos". Serán una visión somera del contenido de mis tres libros de cuentos publicados en Bubok.com, y de otros tres libros que aun no ofrezco allí pues la demanda no lo exige.

Uno de ellos, el primero que escribí, da título a este blog: “Tapera cromática”, trabajo al que hace tiempo he prometido una última lectura:

Un viajero solitario recorre las rutas en misión de negocios, sus pensamientos lo atosigan con los últimos sucesos de su entorno. Su coche se detiene de improviso y desciende. La campiña desierta lo rodea. El silencio se rasga, una letanía le llega de alguna parte y camina hacia ella. Pronto divisa un resplandor, al avanzar hacia él aumenta el sonido. Hasta que ante sus ojos aparece, en medio de la soledad, una tapera (construcción abandonada, desmantelada) de donde escapan aquella luminosidad y los sonidos. Al traspasar la entrada se eriza, contra un rincón un televisor emite a la soledad. El viajero, incrédulo, se sienta en un rincón a observar la pantalla. Así, uno a uno van pasando los relatos que componen el libro, todos relacionados con aquellos pensamientos que lo embargaban.

De allí entonces el nombre de este blog en el cual, como aquel viajero, iré descargando mis fantasmas.

Jamás encaré la tarea de escribir con propósito definido, sino tan sólo para intentar comprender mis sentimientos y transcribir las voces interiores que burlándose de la realidad susurran a mi oído. De alguna forma, escribir es también mi manera de conocerme, de explorarme y exigirme.

Así fui amontonando textos que a veces compartía con allegados y enviaba a concursos; terreno en el cual obtuve algunos éxitos e infinidad de desencantos.

Nunca esperé hacer dinero con la literatura, ignoro si por falta de ambición o por aceptar una realidad. Del mismo modo, sostengo la idea de que un escritor no debe financiar sus propias ediciones. Siempre he obrado en consecuencia, cosa que me ha asegurado permanecer en el anonimato.

No hace mucho me encontré con la propuesta de Bubok.com (http://jolibud.bubok.com) Me pareció interesante, accesible, positiva. Allí estoy desde entonces pues quizás esperaba algo así. Uno más en el vasto universo de los "escritores" (y no me afecta pensar que tal vez nunca podré quitar esas comillas) A mi parecer no es escritor todo aquél que escribe, sino quien puede transmitir emociones, el que mueve a la reflexión, aquél con el cual siempre aprendemos algo.

Cada fin de semana subiré un comentario, un relato y un poema. Si acaso mis textos os mueven algo dentro, bueno sería enterarme. Si por el contrario nada provocan o sienten rechazo por ellos, mejor aun me vendrá saberlo, una crítica nos ayuda a mejorar, un regaño a ser más cautos, y un cumplido estimula nuestra experimentación.

Decía que comencé haciendo poemas a un amor imposible. Por esa razón me ha parecido adecuado presentar como primer texto en este blog el poema "Desencuentro a las doce estrofas".

Del mismo modo, el cuento con el cual abriré este encuentro trata sobre el amor imposible de un personaje peculiar, cuya personalidad me llevara a continuar con su saga aventurera conformando al fin el libro de relatos novelados "El tigre no bala".

Desde ya, mi humilde mesa está servida.

Por aquí nos veremos.


http://jolibud.bubok.com