14 de diciembre de 2010

De 1970 a 2033 en 360 páginas


En Montevideo está a la venta mi novela "Ctrl-Alt-Supr reiniciar". (ISBN 978-9974-98-227-7)

Venta a nivel internacional edición en papel en Lulu (20 U$S): http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/ctrl-alt-supr-reiniciar/14008263?productTrackingContext=search_results/search_shelf/center/1

Venta a nivel internacional edición en papel epub en Emooby (€ 4): http://www.vendingbox.net/viewprod_0c5f95ef-9e4a-fbd2-8cca-b264324de57d_5000133



Algo atípico para lo que es la habitual narrativa de nuestro suelo, refiere a la problemática del hombre en su conjunto. Se trata de una novela de ficción especulativa en la cual, partiendo del pasado reciente, la trama proyecta las consecuencias de la interacción de un trío de hackers con un portal que pregona una "Nueva civilización de bienestar y armonía".
Las convicciones juveniles son interceptadas por el azar y el extraño poder que uno de ellos adquiere tras un experimento.
En el trasfondo, el espíritu humano se debate entre los valores éticos y la supervivencia de unos pocos.

Página promocional con la introducción y capítulos: http://www.wix.com/felacos/control

Creo que he escrito la novela que me hubiese gustado leer, por eso de algún modo refleja la serie de incertidumbres que quizas a todos nos acosa.
Los espero por allí. Gracias, un abrazo.

Libreros: por pedidos: Distribuidora Gussi Libros
Precio de venta: $U 360
Entrega a domicilio en Montevideo dentro de las 48 horas, sin recargo. Enviar mail con dirección desde este blog o a la casilla tapecrom@gmail.com

20 de febrero de 2010

Horas previas



Diez años… ¿Era normal que se encendieran cada noche? Ella preparaba la ensalada a tres metros de él, que la observaba en silencio pasando su mirada desde los pies casi desnudos hacia arriba, lentamente, hasta el borde de su corta falda.

Sabía que de ir agazapado y abrazarla por detrás ella interrumpiría su faena, cerraría los ojos y quedaría atenta a sus manos serpenteando sobre su cuerpo suave y tibio. Siempre había ocurrido de ese modo, extraños destellos de electricidad estática palpitaban al primer contacto de sus pieles, cualquier palabra redundaría, la certeza estaría dada de inmediato.

Esta vez el hombre no lo hizo, se mantuvo sentado en su lugar de la mesa. De algún modo estaban envueltos en la situación particular que sacudía a la humanidad. En cambio dijo: –Nunca le presté demasiada atención, pero en verdad se extraña el sonido de fondo de la TV.

–¿Será como dicen en la calle, que las comunicaciones se afectaron por una tormenta electromagnética demasiado intensa del sol? La radio también, ese ruido que larga al encenderla parece un chisperío enojoso. Los celulares, muertos. ¿Volverán a funcionar? –preguntó ella mientras se acercaba con la fuente de lechuga y tomate.

–No lo sé, hay cosas reales que siempre han ocurrido tan terribles y difíciles de entender como el fin del mundo. Sin noticieros los rumores de la muchedumbre reflejan apenas la realidad de unas pocas cuadras.

–¿En qué quedamos, no decías que la inversión de los polos terrestres eran puras patrañas? –dejó pasar un segundo y con expresión de pena esbozó un comentario ajeno a lo dicho anteriormente –Creo que esta noche no podré hacerlo…

Él disimuló su inquietud, que no había surgido por el asunto ese del fin del mundo sino por no poder imaginar la forma de tenerla a su lado y resistir la tentación de poseerla. Ella continuó:

–Además, cuando te comenté que debíamos hacer revisar las cañerías de la cocina para detectar la humedad dijiste que sería estéril hacerlo ante el inminente fin del mundo.

Una vez que ella estuvo de pie a su lado él palpó sus pantorrillas y sus dedos comenzaron a rodar hacia arriba apenas rozando su piel, instantáneamente ella cerró los ojos. Mientras hacía esto él decía: –En aquél momento te vi tan preocupada por eso que decidí tomarlo a broma. Desde que me conozco cada tanto han surgido rumores apocalípticos y augurios demenciales

–Lo sé, pero antes era un eclipse, un cometa, el cambio de siglo o el colapso informático… Ahora todo viene envuelto en un paquete muy convincente y los avances propagandísticos no son comerciales de TV, han estado ocurriendo cosas en el mundo, ahora mismo ocurren: terremotos, inundaciones, tormentas de violencia nunca vista…

Con delicadeza ella retiró la mano de su esposo y se sentó a su lado.

–¡Es normal! –dijo él, restando importancia tanto a los dichos de la mujer como al retiro de su mano –Antes a la gente apenas se le podía explicar qué cosa era ese cometa que cruzaría los cielos, hoy el avance de las comunicaciones y la sofisticación tecnológica han hecho posible y necesario elaborar el miedo de la mejor manera. No eran los mismos efectos especiales los de la primera película King Kong que los de la última… ¡Y en la primera la gente salía horrorizada del cine! Creo que hoy bostezaría.

–Hablando de bostezos… Tengo la impresión de que no podré dormir esta noche –dijo ella aferrando la mano de su compañero –¿No vas a probar bocado?

A veces lo desconcertaba la facilidad conque ella manifestaba dos cosas de diferente índole casi al mismo tiempo. Nuevamente disimuló su inquietud, esta vez imaginando la mejor forma de pasar la noche sin dormir. Tenía imaginación, pero todo giraría en torno a una sola cosa. Contuvo su deseo de decirle que si el mundo sólo durase hasta el amanecer de nada les servirán los cuerpos, y por esa razón deberían agotarlos esa noche.

–Comeré como un león –dijo en cambio, y le acercó un tímido beso que ella recibió con una sonrisa.

–¿Tanto te preocupa realmente la posibilidad de que todo lo conocido desaparezca? –agregó, y continuó sin esperar respuesta: –A mí me preocupa que ayer el peor de mis alumnos considerara que el poema que leí tenía un título demasiado extenso.

–¿Estaba equivocado?

–¡Por supuesto, el poema era mío!

–¿Y si hubiese sido de otro escritor?

–Le habría respondido que jamás escuché una opinión con tal magnitud de ignorancia.

–Al fin entiendo que no creas en el fin del mundo, estás convencido de que gira en torno a vos.

–¿Te importa si anoto eso en mi libretita?

–¿Otra vez? ¡Cuándo seas famoso deberás compartir el crédito conmigo!

–¿Estás loca? ¿Y qué le digo a la otra?

Ella hizo un mohín fingiendo enojo: –¡Entonces esta noche deberías ir a dormir con ella!

–No siempre está disponible, lo sabés.

–¿Lo sé? ¿Quién es esa fulana?

–Mi malquerida musa, me sacude y pasa por encima de mí como si fuese un guijarro. Mucho no se deja tocar la casquivana…

–¡Que tonta! No hay peligro entonces de que me abandones por ella.

Con las meras frases acostumbradas ambos pretendían sostener la palpitación del ritual doméstico. Al borde de la angustia hablaban así, con naturalidad y sana ironía, quizás con el inopinado motivo de que la pasión hirviera la sangre de sus arterias como en un día cualquiera.

Afuera el mundo se partía al medio, una mitad se desesperaba, cargaban sus coches y partían buscando buen refugio hacia sitios desde donde otra gente venía por lo mismo. La otra mitad, como ellos, fingía que todo estaría bien una vez pasada la fecha fatídica, hacía cruces cada tres pasos y dejaba todo en manos del azar o del Señor.

Minutos más tarde ella lavaba la vajilla y él la secaba. Lo hacían en silencio, clamores de inquietud les llegaban desde la calle. La mujer sintió que el silencio no le hacía bien, desviaba su atención a la premisa que deseaba mantener lejos de su mente y traer la otra, la de la entrega, el arrebato, la fatiga. –Cuando nos acostemos pondremos música, algo como para recordar viejos tiempos.

–Me parece bien, Pink Floyd quizás… ¿Te parece?

–Y si volvemos al fin de la infancia: Beatles… ¿Quedamos? Quisiera volver a escuchar “Anochecer de un día agitado”.

–Quedamos –acordó él mientras comenzaba a liar un cigarrillo.

–¿Y eso? Al final estás más trastornado que yo… ¿Volviste a la adolescencia? ¿De dónde la sacaste?

–Hallé el envoltorio hace un mes en el piso del salón de clases. Algún alumno distraído la habrá echado en falta… ¿Y qué habría de hacer? No podía preguntar quien fue el que perdió sustancia prohibida y devolvérsela… ¿Fumarás?

–Un poco tal vez… ¡Hace tanto que no toco eso! Además temo que me haga efecto contrario. ¿Lo habrá perdido tu alumno del poema del nombre largo?

–No. Ese sin duda perderá exámenes, años de estudio, tiempo, mucho tiempo… Pero jamás perdería algo así, para esas cosas es muy lúcido. Tomá, te lo dejo por si acaso, yo fumaré luego de la ducha.

Ella terminaba de ordenar la cocina cuando él salió envuelto en una toalla. No tardó en descubrir el aroma de la hierba en el ambiente y tomando del cenicero el cigarrillo a medio fumar lo encendió de inmediato.

Mientras fumaba la vio colgar el delantal tratando de adivinar el estado de ánimo que su mujer llevaría al dormitorio, estaba dispuesto a controlar sus propias necesidades y amoldarse al ritmo del espíritu de ella pero… ¡Tanto la estaba necesitando siempre!

La clave que marcaba la ruta a seguir no se hizo esperar, ella se acercó y lo abrazó, acariciaron sus espaldas, suspiraron. Ambos sintieron que en instantes como ese el mundo y todos sus problemas desaparecían beatíficamente. Ella recordó que eso era bueno pues siempre al volver encontraban el mundo en su sitio. Él no tenía claro si el mundo desaparecía o se escondía dentro de ella.

–Llegó el turno de mi ducha –dijo la mujer al separarse y se volvió rumbo al baño. Tras un par de pasos dio medio giro y guiñando un ojo al sonreír exclamó: –¡Esperame despierto!

El hombre advirtió que su cuerpo comenzaba el apronte, la toalla manifestó claramente su júbilo:

–¿Qué otra cosa podría hacer –dijo –Aunque viniera la otra, esta noche no perdería tiempo con ella.

Inhaló una gruesa bocanada de humo y luego de apagar el cigarrillo caminó hacia el dormitorio. Sintió que el agobio que cargaba se diluía y deseó que lo mismo ocurriera con el de esa mujer frágil y fogosa. Ella en unos minutos llegaría a su lado, tan húmeda como anhelante y bien dispuesta. Dejando a un lado la toalla introduciría su cuerpo desnudo bajo las sábanas y le diría el “hola” más sensual del mundo. ¿Por qué habría de ser de otra forma? Todo estaba bien.




Félix Acosta Fitipaldi © 2010
Del ciclo "Relatos del fin del mundo"
http://participacion.elpais.com.uy/dosmildoce

1 de enero de 2010

¿Dónde vas a estar el último día de la Tierra?


Mi egoísmo, deplorable lo sé, me había mantenido apartado de la idea del famoso desastre mundial en ciernes, ese que de seguro nos mantendrá horrorizados durante los tan eternos como efímeros años que nos resta vivir.

Sin embargo una vez qué -película mediante- mi conciencia tomó real conocimiento, creí oportuno realizar un análisis del asunto.

A priori busqué algo positivo en la ocurrencia de tal suceso, cosa harto difícil, sin embargo pude rescatar al menos una, entendí que las ansias de morir de los suicidas deberían aplacarse como por arte de magia, cosa importante en un país con grandes niveles de renuncia anticipada.

Ante la inminencia del Apocalipsis la existencia para ellos debería adquirir trascendencia divina, pues si algún día habrá de terminarse el mundo un suicida en potencia renunciará a su idea para estar allí y contemplarlo.

Mirándolos con mis ojos de varón resignado a vivir toda la vida deseché de inmediato la pequeñez de mis bajones, tan mundanos y torpes, para sumarme a la angustiosa muchedumbre que se come las uñas y lamenta el fin de la humanidad.

Advertí que el cambio de polaridad de los ejes terrestres había comenzado pues mi polaridad se invirtió, tanto, que mi pesimismo devino en inquieto e inusitado optimismo; no es poca cosa ser de los pocos privilegiados, desde el primer hombre que pisó este planeta tantos siglos atrás, que tendrán chance de presenciar espectáculo semejante. Creo que ahora se entiende lo de “egoísmo”.

Desconfiado, me pareció oportuno informarme, debía estar seguro de que no me estaba seduciendo una patraña infantil, que no se trataba de otra verdad tan certera como la existencia de Papá Noel, otra historia mística y brumosa como el Santo Grial, otro mito mundialmente propagado como la farsa de Walt Disney crionizado, el tan manido como inexistente monstruo del lago Ness, o que los fumadores son los culpables de la polución atmosférica (¿Alguien ya debe haberlo dicho no?).

Meticuloso, recorrí Internet de arriba a abajo y de siniestra a diestra (al menos por estos lares así leemos ). Tuve noción intelectual del cambio climático (la corporal ya la conocía), no sólo del de nuestro tan querido y poco respetado mundo sino también del cambio climático del resto de los planetas del sistema solar, y comencé a ponerme serio.

Viajé hasta los confines de la heliosfera, esa burbuja magnética creada por el viento solar que envuelve a la familia planetaria local. Al parecer en su límite externo, que también tiene nombre: heliopausa, este viento solar se ralentiza al toparse con el altamente energético viento interestelar procedente del resto de la galaxia; en ese lugar se produce una onda de choque de gran magnitud.

La Voyager 2 anduvo por allí el 12/2004, y los científicos de la NASA suponían que lo haría muchos millones de kilómetros más lejos del sol, lo cual indicaría que la energía galáctica se nos viene encima. Según dichos datos el tamaño de la onda de choque se multiplicó por 10 en los últimos 20 años. Al tener más intensidad, las partículas externas atraviesan la heliosfera incrementando la actividad solar, lo cual altera la atmósfera, el clima y el magnetismo de todos los planetas. ¡Jodido horno microondas!

Mi preocupación creció hasta notar que esta versión ha sido adornada por teorías desmentidas luego, como la que aseguraba que el calentamiento global se debía a que el sistema solar no pertenece a la Vía Láctea sino a Sagitario, pequeña galaxia que estaba siendo fagocitada por la anterior.

Tal llamado de atención me hizo ser cauto, la pléyade de astros improvisados atiborra el firmamento virtual y separar la paja del trigo se vuelve cosa harto difícil, mas alguien curioso de su devenir puede abordarlo con interés y mesura, continuemos...

Al asunto de los vientos galácticos se sumó una doble alineación, no sólo la de varios planetas del sistema solar entre sí, sino también la de todo el sistema con el plano galáctico. Alguien más por allí, por si hiciera falta, agregó una actividad inusitada al agujero negro central de nuestra galaxia, el que ahora por ser mejor percibido nos hace caras feas... cosa menor en realidad.

Tal conjunción de indicios desalentadores lleva a pensar, y con fundados motivos, en que si la luna produce las mareas siendo tan pequeña semejante suma de atracción gravitacional meneará al mismo magma sobre el cual flotan los continentes, produciendo sin ningún tipo de efecto especial hollywoodense tales daños como los exhibidos en la película homónima al año de la catástrofe, año del Dragón, lo cual viene bien por el aliento devastador, infernal, de esas mitológicas criaturas.

Alguien nos recuerda que eventos similares ocurrieron en el pasado y para muestra se exhiben fósiles de conchas marinas halladas en las más encumbradas alturas de los Andes, el que alguna vez habría sido lecho oceánico. ¡Guau!

Otros afirman que el desastre lo provocará Nubiru, el famoso planeta Nª12, que aun no se ha descubierto pero, “se sabe”, gira en torno a una hipotética estrella negra gemela del sol.

Nubiru tiene órbita de cometa, lo cual posibilita que apenas venga de visita por estos lares cada 6.000 años. Tan elaborada está la teoría que se apoya en los primeros vestigios de escritura conocidos, los de los Sumerios, de quienes emularon la épica histórica varias civilizaciones posteriores, egipcios incluidos. Bueno, todas ellas, entre otras similitudes, recuerdan grandes desastres y un diluvio.

Un clic de mi neurona me retrotrajo a la adolescencia, cuando por los setenta leí: “El retorno de los brujos” y “La rebelión de los brujos”, de los franceses Louis Pauwels y Jacques Bergier, libros de gran auge entonces. En el primero afirmaban: “¿Por qué no pudo haber varios ciclos de evolución antes de los setenta y cinco mil años últimos? Han podido aparecer y desaparecer otras formas de Humanidad, o, más bien, otros seres dotados de pensamiento. No habrían dejado huellas visibles por nosotros, pero su recuerdo persistiría en las leyendas.”

El escenario es tan vasto y exuberante como merecería un verdadero fin del mundo, hasta los propios Mayas tuvieron la delicadeza de alertarnos... (Hoy lo hace David Wilcock de manera brillante y muy convincente, sus videos en Youtube lo demuestran)

¡Pero claro, siempre hay detractores! Sí, afirman que nadie teme que cuando cambiamos de almanaque al llegar fin de año fuera a terminarse el mundo, y que de eso se trata el calendario Maya, de una guía cósmica que nada más concluye con un giro de 26.000 años del sistema solar en torno al eje galáctico.

Y vuelvo a los franceses de los brujos, que en su segundo libro establecen: “Cuando se descubrió el método del carbono 14, hubo motivo para creer que la Arqueo­logía se convertiría en una ciencia exacta. Su per­feccionamiento permitió establecer fechas de an­tigüedad hasta cincuenta mil años atrás. Lo curio­so es que no podemos situar ningún objeto entre los veinte mil y los veinticinco mil años, mientras que podemos hacerlo antes y después. Hasta aho­ra, no se ha encontrado ninguna explicación a esta anomalía. Por lo tanto, puede suponerse que en aquel período se produjo algún suceso que modifi­có la concentración del carbono 14 en la atmósfera.”

¡Caramba, qué casualidad, apenas mil años de diferencia! ¿Es que hay algo raro?

¡Señores detractores déjennos soñar! ¿Acaso no es apasionante? El evento más espectacular de todos los tiempos, un espectáculo jamás visto por ojo humano estaría por maravillarnos...

Recordé entonces otro libro que me apasionó: “Mundos en colisión” del ruso Immanuel Velikovsky, que daba explicación científica a cuanta historia religiosa existe por más descabellada que fuera. Seguramente se equivocaba en mucho, pero eso no importa, que acertara tan sólo en una ya daba rédito. ¿Quieren conocer el origen de los asteroides? ¿Desean saber la razón por la cual Venus gira en sentido contrario al resto de los planetas? Pues consigan ese libro y luego... préstenmelo, me gustaría volver a leerlo y no se halla en ningún sitio.

Algunos se ponen nerviosos y niegan toda posibilidad real al cuco del 2012... ¡Pues bienvenidos sean! Cuanta más discusión suscite más cerca estaremos de la verdad, para eso están los misterios, para ser explorados y exclamar luego: ¡Ah, mirá lo que era!

La destrucción de hipótesis construye certezas. Quizás lo ideal en estos casos sea evitar las certidumbres, los fanatismos, el volcarse por una u otra posibilidad, eso pone en luz roja el semáforo y las ideas no circulan, todo queda como está.

Pensándolo bien comprendo que algunos no quieran esperar para verlo sin algún tipo de garantía y exijan documentación adecuada, firmada ante escribano y con la anuencia del Papa. Me encontraré entre los escépticos hasta que la tierra me engulla estrepitosamente y aceptaré con modestia haber sido demasiado exigente al pedir pruebas infalibles llegado el caso.

Hace años hizo furor el tema de los extraterrestres, para quitarse las dudas uno caminaba mirando hacia arriba hasta tener tortícolis. Un amigo insistía con su existencia y yo la negaba rotundamente, no por necio o incrédulo, sino debido a que más que él deseaba yo tener certezas sobre su presencia. ¡Viajar por el espacio! Pues sin duda habrían de invitarme... Quizás fuese demasiado cándido, sabido es que cuando chocan dos civilizaciones aunque la más avanzada no esté interesada en eclipsar a la otra al final es lo que termina ocurriendo.

El tema del 2012 es apasionante y mucho dará que hablar estos años. Se reflotarán antiguas noticias como el Proyecto Haarp, que entre otras cosas podía modificar el clima. ¿Está vigente aun? Y si modifica el clima... ¿No puede hacer nada para arreglarlo? De todo esto hay abundante menú en Internet, y cuanto aquí menciono basta anotarlo en un buscador para que una lluvia de páginas alusivas a las temáticas se abalance sobre el curioso. Luego hay que analizar y jamás tomar todo como verdad absoluta, así como cambia el mundo cambia el hombre y cambian las verdades... de eso sabemos mucho los uruguayos.

Hasta se puede indagar sobre el "latido de la tierra", esa resonancia de 7,83 hertz (resonancia Schumann) que posee el campo electromagnético de nuestro planeta. Resulta algo así como un marcapasos que acompasa a nuestro cerebro y se halla presente en todos los vertebrados. Se ha comprobado, astronautas mediante -se sentían mal en el espacio, donde no existe- que fuera de esa frecuencia biológica natural enfermamos.

Pero ocurre que a partir de los años 80 este latido se ha ido acelerando, llegando hoy a 11 según dicen unos y 13 otros, los más apurados. Semejante cambio general provocaría una aceleración en nuestro entorno y hábitos de vida, los que por ser tan paulatinos y genéricos no advertimos (si voy muy rápido avisen).

De este modo nuestro metabolismo y estructura genética se habría ido modificando, dando pie a que algunos sostengan que se debe al futuro advenimiento del hombre nuevo, un ser más espiritual y en armonía con la naturaleza. Luego de la debacle la humanidad pasaría a un nuevo estadio biológico de paz e inmanencia cósmica. Pero claro, eso no será para todos, dicen, aquellos que no alcancen la debida pureza y no estén en comunión con la naturaleza de la nueva era sucumbirán. Científicos rusos afirman que el problema de la humanidad es adaptarse al nuevo estado que va adquiriendo la tierra, no sólo por los cambios en el clima sino por los operados sobre los seres vivos y sus procesos vitales.

Datos, datos, datos... ¿Qué hay de cierto en ellos? ¿Algo, todo, mucho? La mera observación de la realidad puede aportar datos interesantes, siempre y cuando los manejemos con la discrecionalidad de nuestra presunción pero con la debida mesura y sentido común.

La realidad establece claramente que existe un cambio climático, a diario lo vemos en TV, se habla en la calle y nos rodea, pues por el simple comportamiento del clima ya no sabemos en que estación del año estamos. Eso está fuera de discusión.

Otra realidad indica que las grandes potencias no se han puesto de acuerdo en la Cumbre de Copenhague. Quienes se contentan con respuestas rápidas dirán: “Los países desarrollados no quieren detener su maquinaria consumista y en salvaguarda de sus intereses perjudican a la humanidad toda.”

Eso a mí no me conforma, y lamento que así sea pues me asusta creer lo que creo... Me pregunto: ¿Es posible ser tan mezquino e irresponsable? ¿Puede alguien ser tan tonto? ¿Es su naturaleza, como en el cuento “La rana y el escorpión”? -está en la red- No, no lo creo.

No puedo atribuir mala intención a personalidades de tamaña magnitud, creo que harían lo posible por evitar todo tipo de desastres... ¿No? Por esta vez cedámosle nuestra buena fe. ¿Entonces?

Sólo se me ocurre que no detienen las emisiones de gases efecto invernadero pues sería vano hacerlo, que ajeno al manejo humano el proceso continuaría de todos modos y de aminorar el ritmo de la maquinaria se provocarían percances, caóticos quizás, más inmediatos. Así soy de optimista, y es en ese tipo de cosas donde busco indicios. Lo que se dice todos lo sabemos, por eso prefiero auscultar qué esconden los que callan.

¡Cómo! ¿Os aburro? ¡Y yo me creía que veníamos bárbaro! Está bien, me fui por las ramas cuando sólo quería decirles que todo aquél que pueda postergue su muerte. Eso es lo que haré, y no para salvarme, ojo, es para observarlo todo mejor, creo que por primera vez se podría decir que morir vale la pena. ¿Esta mutación filosófica de mi ánimo tendrá que ver con la mejora de mi pureza espiritual? ¿Viceversa?

A tales efectos he buscado algún sitio elevado que no sea muy distante de Montevideo y me permita regresar pronto a Tapera cromática una vez que pase todo. Primero pensé en el lugar más alto del país, el Cerro Catedral, pero queda en Maldonado y la proximidad del océano me hace temer en lo breve de la diversión pues todo se limitará a horrorizarme con la altura del tsunami.

Me pareció entonces que la Meseta de Artigas, ese pintoresco barranco a orillas del río Uruguay es un hermoso lugar. Pero no lo hallé lo suficientemente alto para mi gusto, así que opté por elegir el norte de la Cuchilla de Haedo, donde se ha descubierto que una cultura del período denominado "Paleoindio" anduvo por allí hace entre 14.000 y 9.000 años, siendo las ocupaciones humanas más antiguas del continente americano.

Existen cuevas donde estos señores se refugiaron del frío del final del Pleistoceno, las cuales pueden venir bien pues no sabemos el humor del tiempecillo que nos tocará en el sorteo resultante. Creo que será un lugar adecuado para recomenzar si mi casa desaparece del mapa, y hasta es posible que alguno de los espíritus de estos ancestros me auxilien de ser necesario. Buscaré alguna confortable y fijaré mis ojos en el horizonte...

En tanto me informo sobre comidas exóticas, quizás debamos deleitarnos con exquisitos caracoles o ancas de grillo.

Así que los veo por allí, a no ser que los millones de lectores de mi blog se apiñen en adquirir localidades y cuando yo llegue no halle sitio. Sin intenciones de desalentar a los comerciantes inescrupulosos les recuerdo que luego del Apocalipsis el dinero no tendrá valor alguno. Eso... ¿No es bueno? De ser así seremos mejores, sin lugar a dudas.

¡Ah, me olvidaba! Si llegado el 2013 no ocurre nada no es para desanimarse, ya los científicos rusos de la agencia espacial Roscosmos nos aseguran que han desarrollado tecnología para salvarnos del impacto del asteroide Apophis contra la Tierra en 2036. En ese caso sí, aunque quisiera, no podré estar presente... sepan disculparme.



Advierto un cambio en mí, escucho pensamientos remotos... Díganme: ¿Qué es eso de “¡Vaya manera de iniciar el año!”? ¡Con humor y resignación, así lo empiezo! ¿Acaso hay mejor forma?