24 de febrero de 2009

ROMANCE DEL JILGUERO SALTARÍN


Soy apenas un hombre sándwich, pero gran amigo del famoso Jilguero saltarín. Mientras recorro la plaza encerrado en medio de los carteles de la funeraria “Yajué” observo de reojo a la gente que acude a observar esa rareza de hombre pájaro único en el mundo. Y lo admiro.

¡Loco! dicen unos. ¡Excéntrico! claman otros, y algunos más le preguntan: –¿Qué se siente ser un jilguero saltarín? –Entonces él suele contestar, pletórico de orgullo: –¡Oh, es maravilloso! Es lo que siempre he soñado. No he tenido mayor anhelo en mi vida que ser un jilguero saltarín.

Algunas personas van más allá: –¿Qué lo llevó a ser un jilguero saltarín? –Y él reitera las respuestas que siempre ha dado ante semejantes preguntas, no le es difícil pues lleva cierto tiempo siendo el Jilguero saltarín.

Conozco bien su estilo, el tono de voz que modula para mantener el interés, tomándose la delicadeza de simular honda meditación tras lo cual sonríe y miente: –Siempre quise ser ave, desde niño. Me dolía no poder acompañarlas a sobrevolar los tejados del barrio. De ellas la que más me atraía era el jilguero y aquí estoy, pude hacerlo. ¡Si en la vida todo mundo pudiera cumplir sus sueños otro gallo cantaría!

A veces, cuando un crío se aproxima de la mano de un padre arrogante se toma lo que denomina “pequeñas venganzas”. Mira embelesado a la criatura y le pregunta: –¿Y a ti, no te agradaría ser un jilguero saltarín? –Se esfuerza tanto en demostrar lo maravilloso de serlo que un brillo de ilusión cruza por los ojos de las criaturas... y un destello mixturado de odio y miedo resplandece en la mirada de sus padres.

Entonces, antes de que ellos logren darles una explicación que justifique una negativa dice al niño: –¡No! No tendría ninguna gracia que el mundo estuviera re-pleeeee-to de jilgueros saltarines… –Y asomando su mano de entre las plumas acaricia con ternura la cabeza del niño: –Creo que mucho más te gustaría ser arquitecto ¿A qué sí? Alguien debe construir hermosos edificios... ¿O acaso quieres ser piloto de avión? Serías algo así como mi primo lejano... –Vuelve a sonreír, mira hacia otro lado para darles a entender que ha terminado la magia, que deben alejarse, y aguarda el sonido de alguna moneda cayendo al pañuelo.

A veces, cuando algunos jóvenes fuman pasta base y se abandonan al sopor como bolsas de papas podridas, la gente viene menos y él pierde su buen humor. No es raro entonces que conteste de malos modos si algún niño cargoso lo persigue: –¡Vamos niño, deja en paz esas plumas! ¡Fuera marrano!

Sí, en ocasiones los pequeñuelos son crueles. Por eso odia a los que portan hondas o tirachinas y persiguen a las pequeñas aves y a él, blanco indefenso. Lo comprendo muy bien, a mis carteles les ha tocado... y a mí, cuando uno falló su tiro al letrero para acertar en la cabeza del hombre sándwich.

Por fortuna su plumaje le esconde las piernas y de ser necesario no tiene recato en darles un disimulado pisotón accidental, aunque luego de hacerlo no pueda fingir congoja y se limite a decir: –¡Oh, lo siento! Lo siento, lo siento… –mientras da pequeños saltos alejándose del padre, precaución que toma desde que uno de ellos dejó dolorida su mandíbula durante una semana.

Eso de los brincos ha sido la alternativa que se le ocurrió ante la imposibilidad de volar, ni siquiera sabe si los jilgueros dan pequeños saltitos como los gorriones. Por supuesto que jamás ha visto uno, y menos en su infancia... No le pareció atractivo transformarse en un gorrión saltarín y la enciclopedia en donde vio la figura de un jilguero no decía si dan saltos.

Su familia ha sido un problema. Aunque asegure que sólo le importa la felicidad de su hijo la madre de mi amigo es injusta con él, le ha dicho que de haber querido tener un pájaro habría puesto un huevo. Además sugirió que al menos hubiera sido hornero, para tener su propio techo y dejar de ampararse bajo sus alas de una vez por todas.

Como si no fuese suficiente la mujer repartió algún picotazo hacia el viejo diciéndo: –¡Para avechucho bastante he tenido con tu padre! Pero mi amigo no ha podido confirmar sus afirmaciones pues el susodicho abandonó el nido siendo él un polluelo.

Cierto día los de la TV le hicieron una entrevista casual y comenzó su farsa. Estuve presente, pero con carteles de juguetería “Guillotina Free”, las cámaras me tomaron un instante y me vi en la tele del bar.

Afirmó que estaba pensando en ir modificando poco a poco su disfraz y hacerse verdaderos implantes de plumas pues anhelaba ser un genuino jilguero saltarín.

Criadores de faisanes donaron hermosas plumas y aparecieron ante cámaras con ufanas sonrisas ofreciendo sus deliciosas carnes; también los de palomas mensajeras, avestruces y propietarios de un centenar de pollerías. No tardó en ofrecerse un médico, pretendiendo promocionar su clínica de implantes “Senos voluminosos”. Fue él quien cubrió las espaldas de mi amigo con un regio plumaje.

Un fabricante de tablas de surf de fibra de vidrio realizó la venta de su vida luego de inventarle el pico, promoción que a mi amigo le garantizó buen alpiste durante toda una temporada.

Lo cierto es que de a poco comenzó a verse como un verdadero jilguero saltarín y apareció con gran éxito en varios programas de Ripley´s a medida que se transformaba: –¿Han sido dolorosas las aplicaciones? ¿Tiene en mente conseguir una jilguera? ¿Cuál es el próximo paso en su transformación de hombre a pájaro?

Hasta lo llevaron a dar una recorrida en helicóptero para que se sintiera en el aire. Me contó con rostro de asfixiado que no la pasó muy bien. En los cielos, lugar que debiera ser su hábitat natural, descubrió que padece de vértigo. Fingir felicidad en esos momentos le resultó difícil, pero las tomas fueron bien editadas y su calvario pasó desapercibido.

Suele ocurrir que se cruce con seres crueles que al dirigirse a él lo hacen con jactancia: –Jilguero... ¿No serás en realidad un ave de mal aguero? –O pletóricos de autosuficiencia: –¿Nadie te ha dicho que quienes saltan son los canguros?

¡Imbéciles! Ante ellos, los humoristas vanos que presumen inteligencia y se burlan, su pecho se yergue, su frente se levanta y sonríe con petulancia fingiendo no oír, luego se aleja hacia atrás a los saltos sin dejar de dirigir su rostro hacia ellos exclamando: –¡Un gusarapo! ¡Una oruga! ¡Un gusano! –Finalmente, ya alejado, grita a toda voz: –¡No todas las orugas se convierten en mariposas, bastardo!

Cuenta con muy pocos placeres, uno de ellos es alisar sus plumas al atardecer y entonar acordes tristes que salen de su pico como derivando de un embudo. No siempre puede hacerlo, a veces es tarde y aun lo rodea gente curiosa con afan de divertirse con la rareza que encarna.

A esa hora ya no estoy, mi horario termina a las seis, pero me ha dicho que cuando al fin los curiosos se alejan puede desinflarse, que entonces permite al agobio posarse sobre sus hombros y que lo arrastre al fondo de su miseria... Eso en realidad no lo entiendo, además dice dudar en la conveniencia de haber elegido ese camino que ya quisiera yo.

He sabido que ha tenido el consuelo de una mujer, la conozco... Es menuda, lenta y algo torpe, pero lo suficientemente bonita como para que atraiga las miradas masculinas. Vendía algodón de azúcar junto a un pequeño carromato rojo con toldo a rayas blancas. Mi amigo se enteró que ella le enviaba clientes y comenzó a promocionar sus golosinas.

Temí por mi trabajo, alguien podría suponer que sus anuncios funcionan mejor que los del hombre sándwich. De todos modos continué admirándolo y para mi tranquilidad, nada cambió.

Con melancolía mil veces me ha relatado que siempre se veían desde lejos hasta que notó que de a poco se le venía acercando. Ocurrió al caer la noche, hace un par de semanas, él dio un saltito hacia ella, que detuvo su carro de dulces y sonriendo se sentó a su lado a conversar. Con ojos húmedos él me dijo que su voz era tenue, y por eso casi no entendió cuando le pidió para recostarse contra la suavidad de sus plumas. Luego se quedó allí dormida y él decidió permanecer en la plaza un poco más para no importunarla.

La forma de dormir de la dulcera era apacible, cálida, lo llenaba de paz y de ilusiones de nidos y pichones. Aunque no los he visto muy sencillo me ha sido imaginarlos sosteniéndose mutuamente. Los suspiros de la mujer, semejantes a tenues gorjeos, emitían una sensación de tristeza que parecía reflejo de la de mi amigo y de la mía... así él me lo dijo y ha de ser sin lugar a dudas.

Me complacía escucharlo decir que mientras estaba despierto acariciaba sus cabellos al ritmo de la brisa, pero me dolía cuando afirmaba que en esos momentos sentía inmensos deseos de volver a ser hombre.

Todo culminó una noche, luego de que dormitaran recostados uno al otro en lo que se había transformado en costumbre. Ella despertó vivaz y su locuacidad inquietó a Jilguero. Parecía otra, hablaba con mayor confianza, sonriéndole como si ante un dios estuviese o por lo menos se conocieran de toda la vida.

Mi amigo se sintió estimulado, alegre, y hasta se separó unos centímetros de ella para dar unos saltitos de júbilo. Ella lo abrazó, reteniendo su exultación entre sus brazos menudos y le dijo: –Son hermosas tus alas, suaves, inmensas... ¡Llévame a conocer la ciudad desde las alturas!

–¡Imposible! –contestó él de inmediato, bajando la vista avergonzado –No sé volar, no puedo hacerlo. Padezco de vértigo...

Dijo que al notar la expresión de su rostro detuvo sus palabras, ella se había vuelto dura, airada, como si otra persona le saliera de adentro.

–Entiendo –dijo entonces –Y ese es el problema... pero no es tu culpa. Me confundió tu apariencia, creí que volabas. A mí sólo me agradan los hombres que pueden volar.

Se apartó dirigiéndose a su carromato de dulces y sin volverse atrás lo empujó hasta irse para siempre de la plaza. Desde entonces Jilguero mira el cielo con frecuencia, dice que tanto le importa la felicidad de esa mujer que espera verla volar un día.

Pese a eso no le he contado –y eso me pesa– que la dulcera estuvo una tarde. Él no la vio, brincaba distraído en medio de un corrillo infantil. En esa ocasión ella me confesó que al fin había hallado un hombre que sabía volar, y me mostró sus pasajes de avión hacia Milán.

Anoche la curiosidad me llevó a pasar por la plaza y allí estaba él, sentado en el banco donde dormitaba junto a su dulcera voladora. Sin ser visto volví sobre mis pasos, y tampoco yo pude dormir.

Félix Acosta Fitipaldi 2006

© Circunstancias íntimas

22 de febrero de 2009

Si no es pedir demasiado...


hoy he de dirigirme a quienes han disfrutado mis escritos y a quienes han llegado recién ahora y, luego de leer alguno de los relatos y los poemas existentes, consideran que valen la pena.

Soy un Integrante más de la gran comunidad de personas que aman las letras y las artes y de alguna forma desean darlas aconocer, no por suponerlas especiales o meritorias, sino por haber puesto en ellas todo nuestro esfuerzo.

Es así que me he anotado al concurso internacional Talent Seekers y me gustaría pediros vuestro apoyo. Quien estè dispuesto a ayudarme sólo tiene que emitir un voto desde el siguiente enlace:

http://www.talentseekers.net/votar.php?aut=117

Antes de admitir el voto se solicita el registro, aportando nombre de usuario y dirección de correo. De inmediato recibirán un email para verificar que efectivamente la cuenta de correo es autèntica. Esto lo hacen para evitar el fraude en las votaciones. Si no lo has recibido en unos minutos, comprueba por favor en tu carpeta de correo no deseado.

TALENT SEEKERS está confeccionando un jurado internacional de profesionales de todos los sectores creativos, principalmente empresas destacadas del sector (discográficas, editoriales, revistas, galerías de arte, etc.). Sin embargo, dicho jurado sólo evaluará a los 100 autores/artistas que el público hubiera elegido a lo largo del 2009 en cada una de las 10 categorías de las que consta el concurso. De ahí la importancia de tu voto. La evaluación del jurado no tendrá lugar hasta enero de 2010 y los ganadores obtendrán una campaña publicitaria a nivel mundial, además de otros premios aportados por diversos patrocinadores. También se sortearán premios entre todos los usuarios de Talent Seekers que hubieran participado en las votaciones.

Gracias por tu apoyo. Por favor, una más, reenvía este email a tus amistades.

Un afectuoso saludo
Félix Acosta Fitipaldi

10 de febrero de 2009

Y hallé una voz

Busco los tiernos momentos que he dejado en el pasado
aquellos ecos gastados, la ternura, la ansiedad...

Busco la huella inicial, el instante quebradizo,
el feliz remoto hechizo que una vez pude palpar.

La seda de su humedad, su transparente sonrisa
su figura en mi camisa, la levedad de su andar.

Busco y no puedo encontrar los vuelos de aquel vestido.
Busco el beso, sus latidos, busco una rosa y un chal.

Busco una luna y un mar y encuentro sólo una sombra,
un lamento que la nombra
que la nombra
que la nombra...

Y es mi voz, para mi mal.




Del poemario “Amor desamorado” © 1998