
En todas partes se abrieron millones de grietas. Mares enteros cayeron al centro de la tierra y resurgieron luego en grandes nubes de vapor que se llevaron a la humanidad de un soplido.
Una pareja de dioses se encontraba almorzando:
–¡Maldito universo! –dijo uno de ellos sin dejar de masticar –Hace dos eones ocurrió algo semejante en la constelación del Hipocampo y estuve una centuria con indigestión, debí hacer baños de asiento en singularidades cercanas al centro de la galaxia Macaca.
–Sí, –afirmó su acompañante –es un contratiempo comer tanto y de apuro... A las almas hay que paladearlas de a una y muy despacio, sólo así se puede saborear el gusto particular que adquieren en sus humanas existencias.
Félix Acosta Fitipaldi © 2010
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